—¡¿Qué?! ¡No puedo irme una semana! — exclamé asustada, pero no pareció importarle. —Sí, Isabela, puedes y lo harás. Te necesito allí. ¿Quién si no tu va a tomar notas y traerme café? — preguntó sonriendo. —Pero yo... — comencé, pero fui interrumpida de nuevo por él. —No me importa, Isabela, Eres mi asistente y vendrás conmigo. ¿Qué diablos pensaste que sería este trabajo? ¿Un juego de niños? — preguntó irritado. ¡Genial! Tenía razón, pero ¿y Louis? Mañana vuelven mis abuelos del crucero, podría... ¡Pero no una semana entera! Nunca había estado tan separada de mi hijo y ¿cómo se supone que les contaría a mis abuelos toda esta situación tan complicada? Oye abuela, ahora tengo un trabajo, el pequeño problema es que Andrew Harris trabaja allí, el padre de mi hijo. Solo que él piens

