XLIII Guiada por unos guardias enormes que la llevaban por los pasillos oscurecidos de aquella construcción, caminaba la dama que había tomado un avión desde su país, solo para cumplir con los caprichos de quién la llamaba con tanto desespero. Le pareció así de increíble e insólita la petición, que no era preciso rechazarla. De seguro, estaba planeando otra jugada maestra para fastidiar a los nuevos padres, y esta vez también estaba dispuesta a ayudar. Los odiaba y mucho. Escuchó una risita distante, de seguro era Elijah. Otro mocoso al que detestaba, porque su sola existencia hizo pedazos todo lo que hubiera podido tener. Por todos los corredores de aquella mansión se veían pelotas, carritos, juguetes de todo tipo, quedaba claro que lo estaban consintiendo sin merecerlo. Era el hijo de

