Capítulo 13

2085 Palabras
Charly A veces me pregunto qué es lo que hace que una ciudad se convierta en algo más que un simple lugar en el mapa. París, para mí, no era más que un conjunto de monumentos históricos, calles bulliciosas, buena comida y cafés llenos de turistas. Pero después de estos días con él, con Luc, las cosas empezaron a ser diferentes y de una manera que jamás esperé que sucedieran. Cuando decidí conocer esta ciudad espere muchas cosas pero menos, conocerlo a él. Las palabras de Luc, su forma de ver el mundo, de caminar por la ciudad, de vivir todos los días como si fuera el último, me estaban llevando a lugares que no sabía que existían dentro de mí y que jamás pensé que lograría descubrir. Es por esto, que cuando vi que mi fin de semana estaba llegando a su fin, decidí extender mis vacaciones y mi estadía en este mágico lugar. En el trabajo no me lo negaron, ya que desde que ingresé a trabajar con ellos prácticamente jamás me había tomado vacaciones, así que tenía demasiados días acumulados que pienso aprovechar muy bien. Y en cuanto a mi familia, ellos se sorprendieron demasiado, no podían creer que yo estuviera haciendo esto, pero más allá de la sorpresa que les di, me pidieron que siguiera aprovechando y disfrutando de mis días. Y ahora, mientras caminamos por las calles del Marais, escuchando el murmullo lejano de la ciudad pero sin realmente verla, me doy cuenta de lo mucho que ha cambiado mi forma de sentir y de ver las cosas. He descubierto un nuevo mundo, una nueva yo y estoy amando cada segundo de eso. Estoy más abierta, más consciente de las pequeñas cosas que antes solían pasar desapercibidas. Tal vez, después de todo, París tenía algo que ofrecerme, algo que no se podía ver en los folletos turísticos y que si nunca hubiera tomado la decisión de venir hasta acá, jamás lo podría haber descubierto. Luc tiene esa capacidad extraña de hacerte cuestionar todo lo que creías saber sobre ti misma. Es como si siempre estuviera empujándome a dar un paso más allá, a salir de mi zona de confort, a desafiarme de una manera que no sabía que necesitaba. Y lo peor de todo es que a veces lo odio, porque me hace sentir vulnerable, expuesta, como si estuviera dejando que alguien más tomará las riendas de mi vida. Pero, por otro lado, hay algo en su actitud tan despreocupada, tan… libre, que me hace querer seguirle el paso. Hoy, por ejemplo, ha decidido que vamos a descubrir el Marais, un barrio que nunca me había atraído demasiado como hasta ahora, habíamos estado aquí antes pero jamás de la manera en que lo estamos haciendo ahora mismo. Cuando llegamos, no pude evitar mirar a mi alrededor, observando las galerías de arte, las tiendas de diseño y los pequeños cafés escondidos en las esquinas, vistas de las que me estaba acostumbrando demasiado. Todo parece tan sofisticado, tan elegante, pero de una manera que no me resulta accesible. Es un lugar que grita modernidad, arte y cultura, pero también me hace sentir como una intrusa, alguien que no pertenece a este tipo de escenarios. Luc, sin embargo, parece como pez en el agua, algo que definitivamente envidio en el. Él camina por las calles con la misma seguridad con la que siempre lo hace, como si hubiera nacido aquí, como si el Marais fuera el patio trasero de la casa de sus padres. Me mira y sonríe, como si pudiera leer mi mente. -¿Te sientes fuera de lugar? - me pregunta mientras nos detenemos frente a una galería de arte contemporáneo. Niego con la cabeza, aunque la verdad es que sí lo siento, además, no se ni porque le miento, ya que aprendió a leerme y sabe que lo estoy haciendo. Pero no quiero decírselo. No quiero que piense que no estoy a la altura de lo que espera de mí. De alguna manera, siento que si me muestro insegura o poco cómoda, va a pensar que no soy capaz de seguir su ritmo. Pero lo que más me molesta es que, de alguna forma, él parece entenderlo sin que yo diga una sola palabra. - No es eso…- respondo con algo de tensión en mi voz, mientras dejo salir un suave suspiro -...es solo que no estoy acostumbrada a este tipo de lugares - le digo señalando nuestro alrededor. - Ya lo sé…- dice él con una sonrisa divertida -...Eso es lo que lo hace interesante - responde con una sonrisa que me dan ganas de borrarla. Me giro para verlo atentamente con el ceño fruncido y los brazos cruzados y es curioso cómo, por primera vez, me doy cuenta de lo diferente que somos. Él está tan acostumbrado a la libertad, a la aventura, a lo inesperado, mientras que yo vivo mi vida con pequeños márgenes de seguridad y así estoy bien, no necesito más. Siempre necesito un plan, una estructura, una garantía de que las cosas van a salir bien y hasta ahora me ha resultado. Y Luc, con su actitud relajada, su confianza total en lo impredecible, me hace sentir que lo que yo busco es una ilusión, una burbuja que me protege pero que también me limita. - ¿Sabías que este barrio solía ser un refugio para los judíos durante la Revolución Francesa?...- me pregunta, cambiando de tema, como si pudiera ver que me estoy perdiendo en mis propios pensamientos -...Es fascinante cómo la historia de una ciudad puede cambiar tanto, ¿verdad? - suelta haciendo que relaje mis brazos y mi rostro. ¿Por que siempre tiene que tener las respuestas para todo? ¿Cómo puede tener todo tan en control? Este hombre es realmente interesante. Y en cuanto a sus palabras, asiento, aunque en realidad estoy más centrada en la sensación de inseguridad que me invade que en cualquier otra cosa, no es que no me interese la historia del lugar pero es que el todo el me desconcentra y como si no fuera poco, mi mente me trae al presente el beso que nos dimos no hace mucho y de manera inconsciente me sonrojo, así que giro mi rostro para que no me vea y por supuesto, no haga preguntar. ¡Dios mío! ¿Por qué justo ahora me tenía que pasar esto? ¿Qué significa? “quieres otro beso” me dice mi sucia conciencia. Niego con la cabeza y me enfoco otra vez en él y en lo animado que está contándome algo,cosas que no le he prestado ni la más mínima atención por tener mis pensamientos donde no se debe. Luc tiene una forma tan única de abordar la vida, de ver las cosas que para él son normales, pero que para mí resultan muchas veces desconcertantes. Siento que siempre está invitándome a lanzarme al vacío con él, a sumergirme en lo que sea que esté por venir y por una parte quiero decir que si a todos pero mi otra parte me dice que no, que no puedo estar tan loca y me doy cuenta de que, aunque me asusta, también me emociona. No puedo dejar de preguntarme qué pasaría si dejara ir todo el control que tanto necesito. ¿Comenzaría a vivir como lo hace Luc? ¿Me gustaria ese estilo de vida? Caminamos un rato más, pero pronto Luc me tomó de la mano haciendo que me sonroje y me quede con la vista fijada en nuestras manos provocando que unas enormes mariposas revoloteen en mi interior. Niego con la cabeza, él es solo un amigo y aunque lo quisieras para algo más, no existe la posibilidad. Luc me lleva por un sendero poco iluminado, una calle más silenciosa, algo que parece haber escapado de la vista de los turistas. La zona parece mucho más tranquila, menos artificial, y por primera vez en todo el día, siento que respiro un poco más tranquila, ya que este es el tipo de lugares que me gustan. - Esto es lo que me gusta de París…- me dice, mientras nos adentramos en una pequeña plaza vacía, todavía tomados de la mano como si fuéramos una pareja -...su capacidad de sorprenderte. Cada rincón tiene una historia, y cada paso que damos en esta ciudad es un recordatorio de que nunca sabemos lo que nos va a deparar - Me suelta la mano y se aleja un poco, mirando a su alrededor como si estuviera buscando algo. Yo me quedo allí, observándolo, sintiendo una mezcla de admiración y frustración a la misma vez, si, se que es confuso pero es como me siento. Porque sé lo que está pasando, Luc está disfrutando del caos, de lo inesperado, de no saber lo que viene, mientras que yo… yo estoy luchando con la necesidad de entender, de planificar, de saber qué viene a continuación y de tener todo fríamente calculado. Y en ese momento, me doy cuenta de lo que realmente me asusta. No es París, ni las calles desconocidas, ni las sorpresas que él me ofrece. Es la maldita idea de perder el control, es la idea de dejar de ser yo misma, de soltar mis miedos y entregarme completamente a una experiencia, a una aventura, a una nueva vida en la que no sé si sería por completo feliz. Porque, si lo hago, si dejo de aferrarme a lo que sé, ¿quién seré? ¿Seguiré siendo Charly, la chica que necesita tener todo bajo control, tímida o me convertiré en alguien más, una persona más atrevida? ¿Una persona que se deja arrastrar por la corriente? ¿Una persona que simplemente fluye con la vida? Pero ¿Sería tan malo ser así? Luc regresa a mi lado y me mira fijamente, con esa mirada de siempre, tan segura y tan enigmática. - ¿Sabes? A veces lo que más tememos es lo que más necesitamos. Y a veces, cuando nos dejamos llevar, encontramos lo que ni siquiera sabíamos que estábamos buscando - dice tomando mi rostro con sus suaves manos para que lo vea directamente a los ojos. Me sonríe, de esa manera que puede derretir cualquier corazón. Y sus palabras, esas palabras me golpean con más fuerza de lo que esperaba. ¿Es eso lo que está haciendo conmigo? ¿Está tratando de enseñarme a dejar ir lo que no puedo controlar? ¿Está tratando de mostrarme que, tal vez, está bien no saber lo que viene a continuación? Siento un nudo en el estómago, pero al mismo tiempo, hay algo en mí que empieza a relajarse. Algo en mí empieza a entender que tal vez no todo en la vida necesita estar planeado, que quizás es hora de aceptar el caos, de darme permiso para perderme y ver dónde me llevaba la vida y que mejor que con su compañía. Miro a Luc y, por primera vez en estos días, le sonrío de verdad, una sonrisa tan amplia que hace que el me devuelva una igual. No es solo porque lo quiero o porque me siento agradecida por todo lo que me ha mostrado hasta ahora. Es porque, de alguna manera, entiendo lo que está tratando de decirme. Tal vez, solo tal vez, no necesito tener todas las respuestas y está bien, me siento bien con esa decisión. - Quizás tengas razón…- le digo, con una sonrisa tímida por lo que haré a continuación -...Tal vez debería dejar de pensar tanto en el futuro y solo disfrutar del presente - Luc me sonríe, esa sonrisa de satisfacción que me deja sin palabras. No me dice nada, solo acaricia mi rostro y sin que lo espere, me acerco a el y dejó un suave beso en sus labios. Me alejo de manera lenta y veo cómo su rostro muestra sorpresa por mi accionar. ¿Habrá sido un error lo que hizo? Dios, porque siempre me tengo que cuestionar, yo… Sin esperarlo, Luc me toma fuerte entre sus brazos y me besa de una manera que solo hace llevarme a las estrellas y perderme entre la suavidad de sus labios y sus caricias en mis brazos. No se cuanto tiempo duramos asi pero fue el suficiente para volverme estúpida y hacerme suspirar como una idota cuando nos separamos. Ninguno habla, solo nos vemos y con eso creo que nos estamos diciendo todo tipo de cosas. Luc me toma de la mano y, juntos, caminamos hacia el atardecer de París.
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