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250 Palabras
Me senté en una de las sillas de la barra del bar y le pedí a un chico un chupito de aguardiente .  Pasó por mi garganta quemándome todo, hice una mueca y pedí otro más, aquel chico me miró sonriendo mientras yo me empinaba aquel trago.  —Eres nueva por acá, ¿Verdad?  —¿Cómo lo sabes? —pregunté frunciendo el ceño.  —Nunca olvidaría una cara tan bonita —respondió mientras secaba un vaso —Y porque alguien ya se obsesionó contigo y no deja de verte. Las nuevas nunca se les escapa.  Señaló con un pequeño gesto casi imperceptible a algo tras de mi, giré la cabeza lentamente y me encontré fijamente con  los ojos de Jonathan, volví a mirar al chico tratando de que no viera como me había alterado.  —No soy ningún juguete nuevo —comenté haciéndole un gesto para que llenara mi chupito.  —Ten mucho cuidado y si no quieres que el man te perjudique la vida, es momento de que te alejes.  —Apenas llegué —levanté una de mis cejas —. No tengo porque alejarme si yo no he hecho nada malo.  —Yo solo te lo advierto, no quiero escuchar de nuevo que encontraron una chica en el rio Medellín, desnuda, violada y originaria de este barrio.  —¿Qué? Él solo me guiñó un ojo y fue a atender a otras personas.  Mierda.  Si él descubría quien era yo, esperaba no terminar decapitada en ningún rio. 
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