CAPÍTULO TREINTA Y TRES Thorgrin caminaba lentamente por el camino elevado, la neblina se evaporaba a su alrededor y dejaba pasar el sol, sus rayos se colaban, uno de ellos lo iluminaba al pasar y miró asombrado el castillo que tenía delante. Su puerta y sus ventanas ardían por la luz y, delante de él, en el umbral, estaba el Anillo del Hechicero. Tras haber completado el círculo, Thor se sentía un hombre cambiado. Por primera vez en su vida, ya no necesitaba un arma, entendió que el poder que había en su interior era mucho más grande que aquello. Dentro de él tenía el poder de crear realidad y el poder de rechazar la realidad que veía. Tenía el poder para entender que todo y todas las personas que veía ante él -todos los amigos, todos los enemigos, todos los hermanos, todos los rivales-

