Sin frenos

1076 Palabras
Sin frenos Cuando llegó la tarde, pudimos resolver el mal entendido con Sara y seguir disfrutando nuestra estadía. Mi amigo y yo fuimos a montar caballo al espacio ecológico del hotel, buenos animales de todos los tamaños y colores, algunos eran aún no muy bien domados. Joel prefiere aquellos que son inquietos pues según él son los más divertidos, yo nunca lo había visto correr caballo en nuestro estado, pero le creí y lo dejé en paz. — Joel— trata de no estrellarte o caerte, recuerda que vinimos a disfrutar no a sufrir accidentes. — Julián — ¡siempre estás de tonto!, Olvídalo nada ha de pasar. —ok Siendo ya las tres de la tarde mi amigo decide un caballo Bermejo que según sus encargados no era nada manso, pero eso era lo que Joel quería, a este caballo le llamaban pinto, y muy rara vez lo montaban, le hacían falta dos dientes debido a accidentes que había tenido y según sus cuidadores casi se ahora hace un tiempo. El clima estaba caluroso, y en república dominicana el clima es un poco loco, hace calor y en unos minutos mágicamente llueve y todo cambia, vi a Joel prepararse alegremente para la aventura, y una vez más le aconsejé no subir, pero el muy torpe no hizo caso, habiendo tantos caballos el decide montar el más peligrosos. — Amigo no quiero dar malas cuentas — le dije. Tranquilo, deja tu estrés y búscate un caballo, caerá la tarde y te quedaras ahí parado simplemente como una niñita asustada. Muchas personas había allí y yo estaba un poco preocupado, aun siendo cerca de la playa podría chocar con alguien, y más que nunca había montado yo un caballo. Escogí un caballo blanco llamado Silverio, era tierno y manso, grande y muy fuerte. Salimos al paseo e inmediatamente mi amigo vio algunas chicas lindas y se emocionó, estaba molestando el caballo para que se moviera bruscamente, así veían que él era todo un hombre que podía disfrutar y a la ve manejar esta situación con el animal. Todos lo miraban y a la verdad era muy bueno, ¿Dónde lo habrá aprendido? Entonces recordé que su abuelo Asencio tuvo una granja. Lo que no sabíamos es que este caballo estaba cansado de ser molestado ya, así que se desbocó a toda velocidad sobre la corta pista, traté de seguirlo, pero para eso necesitaba el Mercedes, no era nada sencillo. Temía por Joel, ¿dónde pararía? me preguntaba. Iba veloz, y pinto, su caballo no respondía a los frenos, todo era de película, yo no si sabía reír o llorar hasta que el caballo de detuvo de repente y Joel calló al suelo como un rayo de rápido. Fui corriendo a socorrerle, estaba herido con un golpe en la cabeza, todos los que estaban Parecían asustados y yo más que ellos, Joel tenía una contusión en la frente, no respondía así que rápidamente tuvimos que llamar a la enfermería que en pocos minutos llegaron, no respondía, apenas respiraba el pobre. — Joel amigo, háblame— le gritaba mientras estaba como moribundo en el piso, pinto el desgraciado caballo no dejaba de relinchar, como si estuviese celebrando la caída de Joel. La gente comenzó a acercarse, y la mayoría pensaba que había muerto, pues de aquella tremenda caída cualquiera lo pensaba y más con ese tremendo golpe, había un gran tumulto, y entonces Joel reaccionó luego de que le dieran a oler un poco de alcohol, lo levantaron del suelo y lo llevaron a curar todo mareado. Pensé en llamar a Sara, su esposa, pero no lo hice pues sabía que le traería un gran problema, pues ella es muy preocupada y lo que menos quería era ponerla inquieta. Pero pensar en ella fue como invocarla, ella llamó a Joel y yo tenía su teléfono. — Hola—  Julián ¿Cómo estás? —eeeh bien, bien. — Seguro? — seguro— respondí. — ¿ Y Joel?, qué extraño que tengas su teléfono, ¿Está todo bien? — sí, — le respondí a Sara, él está bien, se sentía un poco mareado y se fue a recostar, entonces olvidó su teléfono. —Mmm— ya veo, respondió, llamaré más tarde. —Excelente —respondí. No soy persona mentirosa, pero considero que mejor la mentira que la desgracia de un buen amigo, prontamente me fui a la enfermería y ya estaba totalmente consciente, así que lo llevé a su cuarto a descansar. Dos horas después con tremendo dolor de cabeza pasé a ver cómo seguía Joel, estaba dormido y decidí llamar a Rosa. Luego de un buen rato intentando comunicarme no pude lograrlo, decidí ir al lobby y luego intentar desde ahí, pues donde están las habitaciones no había cobertura. Llamé y llamé una y otra vez, pero no contestó, a la última llamada logró contestar y me dijo: —Hola doctor, no puedo contestar ahora, llámame o ven a verme al comedor de empleados donde me corresponde el día de hoy. Eran las 5 de la tarde y yo estaba un poco cansado, así que decidí ir a mi cuarto a darme un baño y luego un día tan intenso con Joel fui al comedor a ver a Rosa, marcos el seguridad de la puerta, según vi en su gafete no me permitía pasar debido a que el comedor era solo para empleados y que los turistas tenían otro lugar especial donde podían ir. —Caballero— ¿Conoce usted a Rosa? — Si, le conozco, ella es la jefa aquí hoy respondió. —Ella me dijo que viniera— respondí. Entonces él me miró de arriba hacia bajo, era un señor de piel morena, fuerte y voz gruesa, sus músculos hacen honor a su labor. — ¿Eres Robert Miller? — preguntó. —No, lo soy— respondí. — Más te vale porque entonces te habría hecho pedazos, me dijo. No sabía porqué lo decía, era extraño. — Déjame avisarle que alguien le busca— me dijo, si estás interesado en ella debes tener pendiente que Rosa tiene muchos pretendientes y uno de ellos yo personalmente lo busqué para darle su merecido, pues no hizo lo correcto con ella. Si estás enamorado o algo así, pon los pies en la tierra porque ella no es cualquier mujer, ella es una prenda. — ¿qué hizo Robert Miller? — Pregunté. — Contarte no es mi trabajo— me respondió. —
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR