CAPÍTULO DIECINUEVE Gwendolyn montó al lado de Steffen, los dos solos en la sinuosa senda forestal, cabalgando, como habían hecho durante horas, a través del denso bosque. Mientras proseguían en su interminable viaje, aminorando el paso de los caballos hasta un trote, pasaron bajo imponentes árboles con ramas retorcidas, curvando en arcos enredados sobre sus cabezas, tapando el cielo. Era un paisaje surrealista y Gwendolyn se sentía como si estuviera cabalgando en un cuento de hadas. O en la pesadilla de alguien. Lo único que iluminaba el bosque era la más tenue de la luz del sol, en algún lugar a la distancia. El Bosque del Sur. Era un bosque en tinieblas, un lugar que ella había temido cuando era niña. Se decía que era denso, que había ladrones y sinvergüenzas, que era un lugar donde i

