Capitulo 1

1643 Palabras
—Hola, Eric. ¿No se supone que deberías estar en el trabajo dando órdenes, o lo que sea que hagas en el consejo todos los días? —preguntó Poppy. —¿Dónde están tu traje y corbata? ¿Cómo sabrá la gente lo estirado que estás? —le preguntó Carly, notando los vaqueros y el polo informales. —Tengo cosas del festival que hacer —dijo, poniendo los ojos en blanco al ver a las tres chicas y entrando en la tienda—. ¿No deberías estar preparándote para cerrar el día y preparar la repostería de mañana? —le preguntó a su hermana. —Veo que no te dejaste ese palo en el trabajo —se quejó Carly. Se dedicó a fijar la tapa de la caja del pastel con una cinta que ató formando un lazo decorativo, y luego le puso una pegatina que imprimió en su impresora de inyección de tinta que proclamaba que el pastel estaba hecho con cariño por Sweet Temptations—. Gracias, Poppy, te prometo que también prepararé algunas delicias geniales para mañana por la noche. —Lara, deberías venir —la invitó Poppy—. Tú misma dijiste que no has vuelto a la ciudad lo suficiente como para reencontrarte con viejos amigos, ¡así que ven y haz nuevos! —Deberías hacerlo —la animó Carly—. Me dará alguien sensato con quien hablar mientras Poppy lame el pastel —se rió y agregó—: De sus dedos —cuando Poppy la miró con el ceño fruncido y miró significativamente a Eric, que trabajaba con su prometido. —Eso estaría bien, pero… —empezó Lara. —No, sin peros. La oí decir que estaría bien. ¿Verdad, Carly? —preguntó Poppy. —Parecía que me había dicho que sí —asintió Carly—. Le daré los detalles, tú ve y guarda ese pastel en un lugar seguro del refrigerador. —Ciao, por ahora, chicas y Eric —cantó Poppy mientras salía por la puerta. —Solo vine a por uno de tus deliciosos cupcakes, pero parece que llego demasiado tarde —dijo Lara, sin saber cómo la habían convencido para ir a una fiesta. Ya no era una chica fiestera. Se había esforzado mucho por deshacerse de esa imagen durante el último año, la mayor parte del tiempo en una clínica de rehabilitación. Supuso que no le vendría mal hacer una o dos amigas nuevas, sobre todo a Carly, y no se imaginaba que una despedida de soltera en Ashton Hill fuera muy alocada ni le ofreciera demasiadas tentaciones. —¡Eric! ¿Por qué te llevaste el último si todavía tengo una clienta? —le gritó Carly mientras él estaba de pie con una caja medio llena de pasteles. —¿Qué? ¿Cómo iba a saber que era clienta? Parecía que todos estaban charlando y riéndose —dijo a la defensiva. —Tengo más pastelitos en la parte de atrás. Puedo decorar uno para ti si no te importa esperar —ofreció Carly. —Claro, tenía un antojo, así que vine temprano antes del trabajo. Tengo tiempo, si no les importa preparármelo —dijo Lara con una sonrisa para los dos hermanos. Tendría que volver a hablar con Carly en otro momento si Eric no se iba pronto. —¿Y qué tal desde que regresaste? —preguntó Eric mientras seguía llenando la caja que sostenía. —Diferente —dijo Lara encogiéndose de hombros, sintiéndose repentinamente incómoda. Estaba acostumbrada a tratar con los hombres de este pueblo, con una barra de madera maciza entre ellos y el ruido de los clientes del pub, a quien culpar por no querer hablar con la gente con la que había ido a la escuela, incluido Eric Carter. —Apuesto a que la vida en la gran ciudad no es para todos. Estás mejor aquí, aquí la gente se cuida —dijo en tono amable, sin darse cuenta del dolor aplastante que sentía al tener que volver a casa y mudarse a un apartamento diminuto del que apenas podía pagar el alquiler tras dejar atrás su caída en desgracia. Aun así, no lo dejaría notar. No iba a permitir que un hombre, y menos un pez gordo de pueblo como él, la hiciera sentir como un fracaso. Puede que no le quedara nada después del accidente, pero aún conservaba su orgullo. —No estuvo tan mal —dijo, sorprendida por la firmeza de su voz—. Los bares son un poco más exclusivos que Kelly’s —comentó sobre el lugar donde trabajaba—. Siempre había un poco más de animación en el ambiente. Este lugar es bastante tranquilo y predecible. —Cuidado con lo que deseas, los Delaney vuelven este fin de semana para la boda —sonrió con suficiencia—. La última vez que estuvieron en la ciudad, la vida nocturna en Kelly’s fue todo menos aburrida —rió entre dientes. —Ojalá decidan no ir a Kelly’s esta vez —dijo—. No creo que ese entusiasmo lleve a nada bueno —desestimó su comentario con una mirada despectiva, para su consternación. —Entonces, ¿qué estaban mirando ustedes, chicas, cuando entré? —dio vuelta casualmente la tableta que aún estaba boca abajo sobre el mostrador. —Cosas de chicas —dijo Lara sin comprometerse, suspirando aliviada al ver que la pantalla estaba negra y se había apagado. Aún no conocía bien a Carly, pero no quería causarle problemas. Eric no se dejó intimidar por la pantalla negra y pulsó el botón, haciendo que la página web reapareciera mostrando la página web mal hecha donde su hermana mostraba su talento con pasteles especiales, incluyendo diseños eróticos. —Creía que te habíamos dicho que dejaras esas tonterías de modelar pasteles. Tienes que limitarte a lo que funciona en esta pastelería —dijo Eric con voz de desaprobación desde la puerta de la cocina—. Mamá y papá te dejaron a cargo porque creían que habías dejado esas tonterías. ¿Cuánto tiempo estarán fuera? —preguntó. —Otro mes o seis semanas, dependiendo de cómo se recupere la tía Mabel —dijo Carly al salir de la cocina con un pastelito de chocolate con glaseado de vainilla y finas virutas de chocolate—. Aquí tienes, siento que hayas tenido que esperar, pero como puedes ver, Eric es un cerdo, en más de un sentido. No sé por qué mamá y papá no me dieron una hermana en lugar de un hermano mayor —puso los ojos en blanco como si estuviera rezando. —Gracias, Carly, te lo agradezco. Te llamaré mañana para que me des esa información —dijo Lara con una sonrisa, y se marchó antes de que Eric pudiera preguntarle si asistiría al Festival de San Valentín o, peor aún, si se uniría a un comité. Tenía toda la intención de ignorar por completo el Día de San Valentín. —Genial, nos vemos entonces —sonrió Carly y saludó con la mano, esperando a que la puerta se cerrara antes de atacar a su hermano—. ¿Por qué estás aquí, si no es para complicarme la vida? —le preguntó Carly a su hermano con el ceño fruncido una vez que Lara se fue. —Quería comprar algo bonito para la reunión del comité y asegurarme de que mamá volviera para hacer los pedidos del festival. Con todo el trabajo extra de esa semana, será mejor que estén ustedes dos aquí. El comité ha decidido organizarlo en una serie de eventos durante la semana previa al festival, ya que mucha gente ha aceptado sus invitaciones para venir a casa el fin de semana —le dijo. —¿No crees que ya tengo suficiente trabajo? —suspiró. Lo que realmente quería era empezar a crear algunos diseños de San Valentín para mostrarlos en su página web. Los chocolates eran el regalo estrella, y planeaba hacer algunos espectaculares, si tan solo encontraba el tiempo. Eso significaría que su página web estaría a tope de pedidos antes de San Valentín, y no querría verse envuelta en el catering para las actividades del festival. —Quizás si dejaras de darle vueltas a esa idea del pastel de especialista tendrías más tiempo —le respondió con sarcasmo—. Mamá ya dijo que lo haría, no es culpa mía que tuviera que salir corriendo a ayudar a la tía Mabel —se encogió de hombros—. Solo quería asegurarme de que volviera a tiempo. Carly sabía que hornear para el festival sería aburrido, probablemente solo un pastelito con una plantilla de corazones y flores o un cupido lanzando flechas. Podría prepararles algo maravilloso. Podría esculpir una imagen tridimensional de un cupido, pero la gente aburrida y estirada de este pueblo nunca lo apreciaría. Suspiró. —Lo tomaré como un sí —sacó un billete de veinte del bolsillo y lo dejó sobre el mostrador—. Quédate con el cambio —levantó la caja en la mano a modo de explicación. —Pareces demasiado feliz como para ir simplemente a una reunión de comité —le frunció el ceño a su hermano. —La vieja pandilla se reúne esta noche, antes de la boda —dijo—. Hacía años que no estábamos todos en el mismo pueblo a la misma hora. —¿Todos ustedes? —preguntó con escepticismo. Sabía muy bien quiénes eran los antiguos amigos de su hermano. Tres años mayor que ella, prácticamente la ignoraban, pero sus fantasías adolescentes se habían visto alimentadas por uno de esos amigos en particular, y ansiaba preguntarle si él también regresaba. —Sí, hasta Jack y Harry tienen permiso para la boda —sonrió, leyéndole el pensamiento—. Deberían estar aquí en una o dos horas. ¡Esta boda va a ser épica!
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