No tardé en llegar a la cueva pero me detuve abruptamente enseguida ahí dentro. No parecía haber nadie más por lo que dudé. Sin embargo todo rastro de dudas desaparecieron cuando una mano tomó mi muñeca para adentrarme más a la cueva y un cuerpo fuerte me estampó contra la pared dejándome entre su pecho caliente y la pared a mi espalda. No pude contener un jadeo de sorpresa pero la excitación me golpeó con más fuerza al inhalar su aroma masculino. Deseé cerrar mis piernas pero era demasiado tarde, una de sus piernas estaban entre las mías para que las mantuviera abiertas para él. Mi rostro se sonrojó evidentemente y me quedé de piedra cuando su boca mordisqueó mi cuello haciéndome gemir y arquear de placer. —Tardaste —susurró sobre mi piel causando un estremecimiento involuntario—. Est

