La compañía en un gran despliegue de despilfarro había conseguido para cada uno de los invitados una habitación individual. Ella lo agradeció profundamente pues no era proclive a soportar el hecho de tener que compartir baño con otra persona, una vida marital siempre muy medida y conversada la había llevado a despreciar cualquiera de los hábitos cotidianos que tienen la mayoría de las personas, odiaba en especial los baños largos que la obligaban a esperar su turno con la bata y la toalla al hombro. Su habitación era ademas de las más grandes, tenía una amplia cama de sábanas blancas un televisor grandísimo puesto inmediatamente enfrente de la cama, una mesita de noche con lámpara adherida a ella e incluso un pequeño closet adosado a la pared en le que para su agrado encontró ganchos en lo

