Estaba verdaderamente feliz mientras caminaba por el hospital, Elian seria mi hijo, claro que sí o me dejaba de llamar Luciana Licciardi, quería darle esta oportunidad y esperaba que él me la diera a mí, ambos sanaríamos nuestras heridas. Unos gritos se empezaron a escuchar y maldije internamente, sabía de quien se trataba, incluso Mia quien estaba dormida y ahora tenía sus ojos completamente abiertos a la espera del estúpido. Caminé más rápido para no toparnos, pero jamás tenía suerte en esta vida. Alessandro venia gritándole a unos pobres internos, esperaba que nunca me gritaran o no sabría lo que podía pasar. —¡Casi se muere con un procedimiento tan malditamente fácil! ¡¿Qué es lo que hacen la facultad?! ¡No puedo pasar en alto esta…! —nuestras miradas se conectaron y se calló

