Los otros siguen corriendo, llegan al puente en una sola fila, y estoy asombrada de ver que pasan por él con facilidad, haciendo buen tiempo. No hay nada malo con el puente, y ahora me doy de patadas a mí misma. Parece que van a lograrlo. Fueron los valientes, los que quisieron arriesgarse cuando los demás no querían—y van a ser recompensados por ello. Después, todo sale mal. Los chicos están a unos centímetros de tierra firme, cuando todos se detienen. No entiendo el motivo, están ahí parados, congelados, como si estuvieran pegados al puente. El ver con detenimiento, escucho sus gritos, me doy cuenta de lo que ha sucedido: miles de pequeñas cuchillas aparecieron desde el puente, a través de sus pies, de sus manos que se apoyan en las barandillas. Los chicos se perforan con los cuchi

