—¿La conoce, señor? Andrew no deja de mirarme. Ni yo a él. —Sí... es mi secretaria— contesta —. Ella puede pasar. —Oh, discúlpeme— me dice Nick, el guardia de seguridad. Se hace a un lado para dejarme entrar al salón y mientras lo hago me sonríe con amabilidad. Ahora sí eres cortés, ¿no? Imbécil. —¿Por qué Wendy no ha llegado? ¿Y por qué viniste tú?— interroga Drew tomándome por el brazo. —Wendy tuvo un inconveniente, uno muy grande. Ella me pidió que viniera en su lugar. Claro, si usted no tiene problema— agrego. Él bufa. —Por mí, te hubieras quedado en tu casa— dice. Enarco un ceja. —¿Entonces me voy? Mejor para mí. Niega —Ya qué. Ya estás aquí. Te vieron llegar y si te vas enseguida, hablarán. —Bien. —Espera— me detiene cuando hago ademán de caminar —. ¿No pud

