Lo que no quiero perder Salir de la farmacia con Florencia en brazos debería haber sido una tarea sencilla. Solo teníamos que comprar lo necesario y volver a casa. Pero en mi vida nada parecía ser sencillo últimamente. Sentía la mirada de los vecinos sobre mí, sus cuchicheos detrás de las ventanas. No me importaba lo que pensaran de mí. Pero sí me importaba lo que pensaran de ella. Florencia jugaba con mi cabello, ajena a todo. Su risa suave era mi único consuelo en esos días tan turbulentos. Su confianza en mí, tan pequeña, tan pura, me daba fuerzas para seguir enfrentando a quien fuera. Pero no esperaba ver a Rosa ahí, en la salida de la farmacia, como un lobo esperando a su presa. Me detuve en seco cuando se plantó frente a nosotros. Florencia se tensó en mis brazos, como si sintiera

