Capítulo — Promesas que vuelven a empezar Ana y Pedro llegaron a la casa de Flor y Gabriel una tarde tranquila, de esas en las que el sol entra despacio por las ventanas y todo parece ir un poco más lento. Traían sonrisas nerviosas, miradas cómplices y una emoción que se notaba incluso antes de que hablaran. Después de unos mates, risas y comentarios sueltos sobre los niños, Pedro aclaró la garganta. Se acomodó en el sillón y, por primera vez en toda la tarde, pareció dudar. —Queremos contarles algo importante —dijo, mirándolos a ambos. Ana tomó su mano. Sus dedos se entrelazaron con los de él antes de hablar. —Queremos casarnos en un mes… —agregó— y nos encantaría que ustedes fueran nuestros padrinos. Flor se llevó una mano al pecho, genuinamente emocionada. La sorpresa fue inmediat

