Me siento frente a mi abuela mientras que Samu va a la cocina a buscar té para los tres. El bolso con el que llegó se encuentra a su lado y me siento un poco mal porque no hay otra habitación además de la de Samu y mía. Pero bueno, ya será cuestión de tiempo para estar en un lugar más grande, o así me gusta pensar, aunque la verdad tampoco tenía mucho apuro por marcharme de aquí. - Están tan grandes, se ven más maduros y adultos – repite direccionando su vista hacia Sam en la cocina y hacia mí sentada al frente, como si todavía no pudiese creer como hemos cambiado. Tampoco creo que sea un cabio tan radical como ella parece verlo ¿cierto? ¿qué tanto puede cambiar una persona en seis meses? Mucho. - Abuela ¿qué ha pasado? ¿por qué no nos dejaste llamarte ni nos avisaste que venias? ¿

