Jenna se inclinó y agarró el cabello de Layla mientras introducía su lengua en la boca de mi hija rubia. Sus caderas seguían moviéndose sobre el rostro de Staci mientras besaba profundamente a Layla, y los gemidos y suspiros de pasión resonaban por todas partes. Mis ojos no sabían dónde mirar, pues la escena ante mí se volvía casi abrumadora: mi atractiva asistente de oficina tomaba el control de mis dos hijas, quienes se entregaban a su voluntad insaciable. Tras recuperarse de su orgasmo, Layla interrumpió el beso, presionando sus manos contra mi pecho mientras levantaba ligeramente las caderas antes de volver a bajar con fuerza, como poseída, frotando su apretada vulva contra mi pene. El fuego ardía en los ojos de Layla mientras me miraba, como si estuviera a punto de arrancarme el alma

