Estaba afuera de la casa de Sofía tocando su puerta, como sé que ella no iría, debía hacerlo yo, no quería perder a mi mejor amiga por estupideces.
Abrió luego de unos minutos, y la vi sinceramente molesta, cabreada cuando a su lado me encontré con Alex, ¿qué demonios estaba ocurriendo con ella?
—Ah, eres tú, ¿qué pasa? — se cruzó de brazos mientras veía como Alex se burlaba desde atrás.
—¿qué pasa? No, ¿qué pasa contigo?, ¿vienes evitándome desde anoche, ni al pobre de Carlos le hablas, puedes decirme que pasa? —
—¿Vaya, están preocupados? No tienen que estarlo, estoy muy bien con mi chico — volteo para ver a Alex que rodeo su cintura con sus brazos.
—Tu chico? Sofía podemos hablar un momento a solas por favor? — mire a Alex con desconfianza, ahora que estaba con Stephen...bueno, ahora que hablaba más con Stephen, no confiaba demasiado en Alex, estoy segura que él fue el de los mensajes.
—Si quieres decirme algo, él lo puede escuchar también —suspire frustrada, bien, si así sería, está bien, no puedo hacer nada más que esperar a que se dé cuenta que está en un error.
—Bien, ¿no crees que esto es ridículo? — no intentaba herir sus sentimientos, pero si tenía que ser dura con ella para que entendiera lo haría, es mi amiga, no pensaba dejar que la lastimaran—apenas lo conoces!
—Mira que gracioso, pudo apostar que anoche te vi irte con un chico que apenas conoces, esa no eres tú Carther — sonrió con malicia y se cruzó de brazos— además Alex es un buen chico—
—¿ah sí? ¡Pues dile a tu chico que deje de mandarme mensajes extraños! — el aludido frunció el ceño y se separó de mi amiga —yo no te he mandado ningún mensaje — seguido de su risa y una mirada de ira de Sofía, saqué mi teléfono.
—No te hagas el idiota, vienes llenándome de estupideces la cabeza desde anoche, eres el único que conozco que no le agrada Stephen—
—Te estas equivocando una vez más, vaya chica, es que no sabes en lo que estás metida ¿verdad? — su tono de arrogancia comenzaba a irritarme.
—¿De qué hablas? ¡No lo conoces! ¿Sólo deja de mandarme mensajes vale? — voltee para irme, había suficiente por hoy, pero su voz de arrogancia me detuvo.
—Yo no te he mandado mensajes Carther, no soy el único ahí afuera al que no le agrada tu chico, deberías ser más inteligente, cuando el río suena es porque piedras trae — no voltee, ni me moleste en responder, justo cuando comienzo a creer un poco más en Stephen, resulta que estás cosas me confunden, no debería darle importancia, debería confiar un poco más en él, después de todo, está intentando algo nuevo para él, no quiero arruinar esto ahora.
Debía ir a clases, no podía comenzar a faltar, aunque tenía una asistencia perfecta, y podía hacerlo, sólo me quedaba una semana para salir, mi teléfono vibró, era un nuevo mensaje.
"Mantén a tus amigos cerca preciosa, no deberías alejarte demasiado de la luz...la oscuridad ya viene"-
Mire a todos lados, me sentía observada, pero ¿cómo?, ¡estoy segura que es Alex, no podía ser nadie más! Porque era Alex, debía olvidar esto, sólo quería molestarme, y no pensaba dejar que me afectara, mi teléfono volvió a vibrar, era una llamada, un número desconocido, conteste de inmediato
Alex, sé que eres tú, puedes dejar de molestarme? ¡Enserio no me mandes más mensajes! - casi le grité a la otra persona, lo dije tan rápido que apenas si le di tiempo para hablar.
Carther…- ¿Oh demonios, Stephen- dónde estás? -
—Yo, bueno vine a la casa de Sofía, debía hablar con ella y. —no me dejo terminar cuando comenzó a hablar-
—Voy para allá, quédate ahí -—corto, no quería que se enterara de los mensajes, sabía cómo reaccionaría, y al primero que le partiría la cara era a Alex.
Esperé unos minutos, hasta que vi su auto estacionarse frente a mí, su chaqueta de cuero, sus lentes de sol, su cabello revuelto, se veía tan condenadamente bien, no quería sonreír como estúpida, pero ahí estaba mi sonrisa, apareciendo sin permiso.
—Stephen...—me acerqué para saludarle, lo extraño es que no sabía cómo hacerlo, no sabía en qué página estábamos-
Sus labios aterrizaron en los míos, mientras su mano atrajo mi cintura apegándome a él, no tuve tiempo a reaccionar cuando se apartó
—¿Cómo estás? —que como estoy? Excelente ahora que está aquí otra vez —¿bien y tú? No era necesario que vinieras. —
—Dame tu teléfono — extendió su mano esperando a que se lo entregará, pero no quería hacerlo, yo pensaba olvidar el tema y él también debía hacerlo-
—No.…mejor olvídalo sí? , yo lo haré, además no es seguro que sea Alex yo solo lo dije porque estaba molesta — me miró dudoso, sabía que para él no era suficiente -
—Si ese imbécil te vuelve a molestar, no le van a quedar ganas después de la golpiza que le voy a dar— me vio molesto, tomo mi mano y me llevo hasta su auto—sube, vienes conmigo.
A veces me volvían loca sus cambios de humor tan repentinos, me subí sin rechistar, quería saber porque se llevaban tan mal, y porque hablan tan mal de él, no se ve un mal chico, conmigo no lo ha sido.
No hablo conmigo en todo el camino, tampoco me llevo a la universidad, siguió hasta la playa, no había venido a esta nunca, papá siempre nos llevaba a mamá y a mi cuando pequeña, evitaba venir, me colocaba sensible, pero claro eso no tenía por qué saberlo Stephen.
—Stephen no sé si esto esté bien, nunca he faltado a clases y.…—salió del auto dejándome dentro, abrió la puerta y me extendió su mano para ayudarme a salir.
—Eres demasiado correcta Carther —cerro la puerta y me acorralo contra el auto- tienes una oportunidad para salir corriendo, porque nena, voy a corromperte de todas las maneras posibles.
¿Qué va a qué? mis sentidos parecían anularse cuando él estaba cerca, tenía claro que él era diferente a mí, pero no me importaba, no necesitaba pensar igual que el para quererlo, sólo me sobrara con saber que él también me quería a mí.
—¿Por qué me has traído hasta acá? —se apartó y tomó mi mano, sólo lo seguí, caminamos hasta una enorme roca a un costado de la playa, para luego rodearla y cruzar hasta un pequeño sector, donde no había nadie, la arena era más clara, había conchas de mar por todos lados, comencé a recoger una, para luego terminar llenando mis bolsillos de ellas.
No me había percatado que Stephen estaba sentado en la arena mirándome, no me sentía tan feliz hace mucho, me acerqué sentándome a su lado.
—Gracias, me gusta mucho este lugar, nunca había venido — tome una piedra blanca con machitas y la coloque en mi bolsillo-
—¿Qué piensas hacer con todo eso? - acomodo sus lentes de sol y se quitó la chaqueta-
—Arte — sonreí y mire el mar, de pronto los recuerdo volvieron a mi mente, casi podía ver a mi madre ayudándome a recoger piedras para luego llegar a casa y hacer un cuadro con ellas, suspire y me encogí abrazando mis piernas, como si el supiera, como si sintiera mi tristeza se levantó y se sentó detrás de mí rodeándome con sus brazos, beso mi nuca y apoyo su barbilla en mi hombro-