Hannah ni siquiera era capaz de recordar cómo llegó a su casa de regreso. Todo lo que sabía es que se iba a morir con aquel dolor de cabeza al que consideró endemoniado, estaba en su casa, vistiendo sus pijamas tradicionales y sin la menor idea de cómo había ido a parar allí, con todo lo que se habia bebido la noche anterior no podía recordar ni lo más mínimo. Maldijo aquel jugo de ciruelas y el ofrecimiento de aquel tipo luego de echarle alcohol sin que nadie supiera. — Hasta que por fin despierta. — Martha abrió la puerta con una bandeja de desayuno entre manos y una muy mala cara. — ¿Se puede saber por qué se excedió con el alcohol si usted nunca antes había bebido? Un poco más y me mete en un gran aprieto con su padre que estuvo toda la mañana esperándola para que comieran juntos.

