Capítulo 5
Nicolle
Entre besos entramos a su departamento. Sí, departamento. Ese era el lugar al que me había llevado.
La puerta se cerró tras nosotros y, de inmediato, sus manos se aferraron a mi cintura, mientras las mías se apoyaban en su pecho. El calor que emanaban nuestros cuerpos era intenso, con cada beso, la temperatura parecía elevarse un poco más. Necesitábamos algo más. No algo que apagara ese fuego, sino algo que nos permitiera sostenerlo.
Con una desesperación que no intenté ocultar, comencé a desabrochar su camisa. Su saco había quedado tirado en algún punto de la entrada.
Tropecé con algo y enterré el rostro en su pecho. Alexander me sostuvo con fuerza y una risa suave escapó de mis labios.
—Lo lamento —dije alzando la vista.
Su mirada, completamente oscurecida, me provocó un escalofrío que recorrió mi espalda.
—Ven —ordenó con voz baja, antes de levantarme con una facilidad que me sorprendió.
Solté un jadeo involuntario cuando mis piernas se enredaron alrededor de su cintura.
Dios… cada cosa de él me sorprendía y me encendía aún más.
Me llevó hasta su habitación. Sus besos recorrieron mi cuello mientras avanzábamos a ciegas, chocando con algún mueble. Yo reía en pequeños suspiros, él, en cambio, gruñía entre dientes, soltando maldiciones apenas audibles.
Me depositó sobre la cama con cuidado. Luego se apartó lo justo para quitarse la camiseta.
Y entonces lo vi.
Su torso no era el de un muchacho, y eso lo hacía infinitamente más atractivo. Firme. Marcado por años de disciplina, no por vanidad. Hombros fuertes, pecho amplio, abdomen definido de una manera real, poderosa. Su cuerpo hablaba de experiencia, de control… de alguien que sabía exactamente quién era.
Me mordí el labio sin darme cuenta.
Definitivamente, había algo muy bueno escondido bajo su ropa.
Se acercó de nuevo y se inclinó sobre mí, con la mirada de un depredador a punto de reclamar lo que deseaba. Sus manos recorrieron mis piernas lentamente, con una contención que me estremeció más que cualquier prisa. Alzó mi vestido con cuidado, dejando mi piel expuesta al aire frío de la habitación.
—Eres una mujer muy peligrosa, Nicolle —susurró, inclinándose para besar el interior de mi muslo.
Me estremecí sobre la cama, su lengua caliente y húmeda se deslizó sobre la piel ardiente de mis muslos.
—Alexander… —susurre con la respiración totalmente descontrolada.
Cuando llegó tan cerca de mi intimidad contuve la respiración, él levantó la mirada y sonrió.
Siguió subiendo mi vestido hasta sacarlo por mi cabeza. Recorrió mi cuerpo desnudo con la mirada, mis bragas eran lo único que tenía puesto.
—Eres tan bella —dijo con su voz ronca.
Me incorporé y me sujeté de sus hombros, deslice mis manos por sus brazos fuertes.
—Me sorprende mucho que lo digas, no parece que…
—Shhh… quiero disfrutarte, que tus labios se muevan está noche solo para gemir y decir mi nombre —pidió.
Con solo escuchar su voz mi coño palpitaba. Estoy tan deseosa de él.
Mis manos bajaron a la bragueta de su pantalón, su mirada siguió cada uno de mis movimientos. La quite y baje el cierre de su pantalón, introduje mi mano en su ropa interior, su polla estaba caliente, dura. Quería rogarle que me follara.
Alex se movió sobre la cama, se quitó los pantalones junto con la ropa interior.
No sé si era el vino en mi cuerpo que me hacía ver a este hombre como él más bueno en mi vida o acababa de descubrir que en realidad me gustaban mayores.
No sé comparaba con los idiotas que había estado y si sabía usar esa cosa que tenía entre las piernas muy bien, entonces sería el mejor polvo de mi vida. Se inclinó de nuevo sobre mí y me quitó las bragas despacio acariciando mis piernas conforme las bajaba…
Acercó su rostro al mío, su aliento se mezcló con él mío. Su mirada busco algo en la mía, si creía que me iba a arrepentir estaba muy equivocado. Podía estar un poco pasada de copas, pero sabía perfectamente que quería esto.
Su mano tomó mi cuello y me atrajo hasta el, sus labios se unieron a los míos en un beso hambriento, mordió mis labios, los chupo como si su vida dependiera de ello.
Su mano libre se abrió paso en mi coño, estaba húmedo, ansiosa por sentirlo. Con solo de imaginarlo entrando en mi me mojaba un poco más.
Sus dedos dibujaron círculos en mi clítoris, sus labios descendieron a mi cuello, me mordió y chupó el cuello. Luego bajó hasta mis pechos, sus dientes atraparon mi pezón, solté un gemido, sus movimientos circulares aumentaron su ritmo y sentí mi orgasmo cerca.
Lamio mi pezón y succionó. Me aferré a las sábanas. Alex se movió para posicionarse entre mis piernas sin dejar de usar sus dedos.
Me estremecí y en ese momento el entró en mi de una estocada, mi orgasmo lo recibió. Me sentí completa al sentirlo dentro, mis paredes parecían palpitar abrazándolo, mientras recuperaba el aire después de mi orgasmo.
—Estás apretada Nicolle —dijo entre dientes—. ¡Ohhh!.
—Alex… por favor —le pedí.
Quería sentirlo moverse dentro de mi, quiero sentirlo todo. Su polla es grande y gruesa.
—Hazme tuya. Métela toda —dije nublada por el deseo.
—Será toda tuya —declaró y lo sentí más profundo.
Comenzó a embestirme con fuerza, mis uñas se clavaron en sus brazos, su rostro se hundió en mis pechos. Los mordía, los besaba. Su polla se hundía en mi interior.
En sus brazos sentí esa intensidad que tanto había buscado. Así como una conexión inexplicable, pero él… no sentiría lo mismo…
*******
Me duele la cabeza, no cerré las ventanas anoche, me muevo perezosa sobre la cama, no quiero abrir los ojos, pero la luz que entra me molesta, me giró sobre la cama y siento un cuerpo junto al mío, abro mis ojos de golpe, me siento sobre la cama, el hombre está desnudo, veo sus piernas, su torso, la sábana cubre su m*****o, mi curiosidad dice que se la quite, pero no lo hago, busco su rostro no sin antes observar su torso, vaya que esta muy bueno, su respiración es relajada… ¡alto! No estoy en mi habitación, quito la almohada qué cubre su rostro con cuidado de no despertarlo, mis ojos se abren demasiado por la sorpresa, suelto un jadeo y cubro mi desnudes con la sábana, siento el dolor entre mis piernas y mis pechos también duelen, resultados de la noche que parece haber sido muy buena y yo no recuerdo nada, no recuerdo cómo terminé envuelta entre sus sábanas.
Dios…
No puedo creer que me acosté con Alexander.
Maldito dolor de cabeza.
Maldito alcohol, quiero recordar lo que hicimos… pero ahora mismo nada me viene a la mente.
Me levanto con cuidado y recojo mi vestido, mis zapatos.
¿Dónde carajos están mis bragas?
Me pongo el vestido lo más rápido que puedo. Mi vista va hacia la cama una vez más. Que ganas de quitarle la sábana y ver qué fue lo que disfruté anoche pero debo marcharme antes de que despierte.
Camino en silencio hasta la puerta, con los zapatos en mis manos, estoy hecha un desastre.
—¿Te vas sin despedirte?...
Ay mi madre.
Cierro los ojos con fuerza. Estoy consciente de que esto no debió pasar, no sé ni cómo llegamos aquí, pero no quiero escuchar justo ahora —cuando no siquiera recuerdo nada— un “fue un error” o “esto no pasó, olvídalo”.
Joder, lo he olvidado. Maldita sea.
Me giro y veo a Alexander, abriendo sus ojos apenas, se incorpora y … Dios santo, qué guapo se ve cuando se levanta…
Quiero que me recuerde lo que hicimos anoche, algo me dice que no lo hará.
Estás mal Nicolle. Muy mal…