—Mira Amaris—Comenzó a decir Javier, con voz muy tensa—, nosotros no estamos acostumbrados a ver este tipo de colores en los ojos de las razas, y por lo que tengo entendido, tú recién acabas de descubrir tu verdadero ser. Asentí, confirmando su suposición. —Ahora vamos a hacerte unas pequeñas pruebas para poder averiguar si realmente perteneces a una r**a llamada... —Ojos rojos—Completé la oración, dándole a entender que estaba un poco informada del tema. Él asintió con una leve sonrisa en sus labios. —¿Pero eso es posible?—Pregunté, mirando a Florencia. —Sí—concordó ella—¿Acaso a ti te han donado sangre cuando eras pequeña o...? Florencia fue interrumpida por los golpes que resonaron contra la puerta. Se puso de pie y miró a Javier, extrañada. Él le indicó que abriera con un movim

