Gordon —Han pasado doscientas ochenta y ocho horas ahora —siseó Voss—. ¿Cuánto más vas a necesitar? —¡Estoy intentándolo! —lloré, sintiendo la irritación y la furia hacer que me picara el cuero cabelludo. —No me importa —gruñó, haciéndome gritar cuando un dolor punzante recorrió mi cuerpo—. No me importa un carajo, alfa. Si no traes de vuelta a Rose esta semana, destruiré a esta maldita manada y a ti. ¿Entiendes? —¿Esta semana? —exclamé—. ¿Estás loco? No hay ni rastro de ella. ¿Cómo voy a encontrarla en una semana? —No es mi problema —respondió Voss—. Tú hiciste lo que querías todos estos años sin importarte lo que yo quería. Te casaste con esa maldita perra y no me quejé. La trataste como una mierda a pesar de que era tu compañera destinada, y aun así no dije nada. Y ahora mira lo qu

