—¿Mamá? —Fruncí el ceño—. ¿Todo está bien? —Por supuesto. —Me sonrió—. Solo quería pasar un poco de tiempo con mi hijo. Ha pasado tanto tiempo. ¿Puedo pasar? —Uh, claro. —Asentí, abriéndole la puerta. ¿De verdad quería tener una charla a estas horas? Noté cómo sus ojos hicieron un rápido escaneo antes de dejarse caer en la cama y palmear el lugar a su lado. Me arrastré y me senté junto a ella, dándole una sonrisa mientras apretaba ligeramente mi mano. —¿Cómo has estado, cariño? —preguntó, sus ojos estudiando intensamente mi rostro. Me di cuenta de que aún se preocupaba constantemente por mí y si estaba volviendo a caer en el antiguo patrón. —Estoy bien —confirmé—. No te preocupes, mamá. Estoy bien. —Mentiroso —gruñó Noel. —Yo soy tu madre. Siempre me preocuparé. —rodó los ojos—. Y es

