A la mañana siguiente, se levantó temprano para ir a trabajar como siempre. - Ya te dije que no lo harás. - insistió Benjamín. - Tengo que ir. No puedo darme el lujo de no ir porque estás aquí... Sé que eres el dueño de todo, pero tengo que ir de todos modos. - Tamí, no seas terca. - No puedo aprovecharme y mucho menos tu situación de propietario… Un día te irás y mi trabajo y yo tendremos que continuar… - ¿Significa esto que no te irás conmigo? - Yo... todavía no lo sé, Ben. Necesito pensar más sobre esto... Es una decisión muy importante. - Tamí, habías acordado que serías mi esposa... ¿Para qué pensar más? - Quiero, Ben... Dios sabe cuánto deseo ser tu esposa y estar contigo para siempre. Pero siento que estamos siendo demasiado apresurados. Necesitamos estar tranquilos. Son nue

