De alguna extraña razón la ausencia de Andrés se notaba en el hogar de Zil. Ella no había podido dormir durante la noche. Daba vueltas una y otra vez meditando en la carta que él le había dejado. «Eres una grandiosa mujer. Lo eres. No dejes que ningún hombre te haga sentir menos de lo que vales, porque vales mucho. Tu valor no se resume por tu condición, sino por tu corazón. Y tienes un gran corazón.» Fuera de su familia nadie más le había dicho ese tipo de palabras, lo que le removía todo tipo de sentimientos y despertaba en ella una curiosidad por conocer más a Andrés. Lejos, de eso, la familia García yacían preocupados tanto por Zil como por los futuros acontecimientos. Sabían que debían armar un plan que les asegurara un futuro estable. Doña Lucía planeó en hacer coricos y empanad

