A la mañana siguiente después de un típico desayuno jalisciense en donde la familia degustó una carne en su jugo, huevos estrellados y café. Desde temprano mientras unos ayudaban con su elaboración otros cargaban en las camionetas todo el equipaje. Tal como Andrés dijo a las nueve de la mañana salieron de casa de los Di Rosa Vitale, rumbo al aeropuerto. Dejando las camionetas en el estacionamiento a la espera de su regreso llegaron a la terminal que les correspondía y documentaron sus maletas, así como boletos. Una hora después estaban llamándoles para abordar y cuarenta minutos después de eso estaban despegando. Los García estaban fascinados y maravillados. Lucía y Tita habían hecho migas con Rosa, entre las conversaciones triviales de la familia, los hijos y los nietos, las matriarca

