Zil se preparó para visitar a Andrés en el hospital, su andar era lento pero constante. Era como cuando tuvo a su niña, se sentía toda dolorida y drogada. Cuando llegó a la habitación se encontró con la más hermosa de las escenas. Andrés yacía de pie junto a su camilla, canalizado con un suero colgado de el tripee detrás de él y con un ramo de rosas rojas en sus manos. —¡Te ves preciosa! —dice al ver a su chica entrar a la habitación. Zil casi corre a sus brazos en cuanto lo ve, este apenas alcanza a dejar las flores sobre su cama para abrazar a su novia. —Te extrañe —dice ella mientras lo abraza con delicadeza y mucho amor. Sabe que ambos están operados—. No sabes cuanto te extrañé… Las lágrimas se hacen presentes en el rostro de ella, pero él intenta no llorar, quiere ser fuerte

