— No seré tu amante — susurro con el corazón destrozado, agachando la mirada. Delicadamente con su dedo índice, León levanto su rostro — ¡Jamás te pediría tal cosa! — Sin un ápice de duda en su voz. Para Florence su comentario resultó irónico, incluso se le escapo una ligera carcajada. — Claro, nunca me lastimarías ¿cierto? — El sarcasmo en su tono, estaba de anteojo. León apretó los ojos, sintiéndose desarmado, expuesto como un nervio en una cirugía sin anestesia. — ¡Tienes razón! Me merezco tu desconfianza — Los orgullos amenazaban con hacerse presentes… Mientras tanto, Tom había llevado a Samuel, a la azotea de unos de los edificios de la ciudad. Un lugar completamente solitario, sin señal telefónica y con iluminación tenue, pero, con una vista preciosa del cielo que pese a la c
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