Tan pronto como se cerró la puerta a las espaldas de Samuel, Tom sometió a interrogatorio a su amiga, la curiosidad de saber, quien era ese guapo joven que acaba de salir lo estaba matando. — ¡Quiero cada detalle! No olvides nada — se saboreó como quien como chocolate. — ¡Eres casado! ¿Recuerdas? — Mencionó con picardía. — Pero no ciego, además no es un pecado querer saber de dónde, sacaste semejante galán — Florence, suspiro con fastidio negando con la cabeza. — Ese que se acaba de ir, era Samuel Johnson — Sirvió café para ambos. — ¿El Samuel Johnson del que me hablaste? — Casi se le salen los ojos de sus orbitas. — ¡Ese mismo! — Sentencio, guardando silencio para mantener el suspenso. Para Tom, la situación era demasiado emocionante, la vivía como si de una telenovela extra

