Zack estaba fuera de sus cabales, aunque siempre había sido frio y directo, ahora esto, lo ponía de patas arriba. —Eso no me importa —gruñó. —Yo no quiero esto, no lo pedí, yo no lo planeé Miranda. —¡Pues yo tampoco lo planeé, Zack! —repliqué, sintiendo que las lágrimas inundaban mis mejillas. —Pero aquí está. Está dentro de mi aunque tú no lo quieras, yo sí lo quiero. Yo sí voy a tenerlo, lo tendré, Zack. Lo miré fijamente a los ojos buscando al menos una comprensión de su parte, pero no dijo nada más. No movió un solo músculo, solo respiraba fuerte, como si cada palabra que yo decía lo enfureciera más. Desabroché el cinturón y abrí la puerta. Sin esperar una sola respuesta, bajé del auto y cerré la puerta tras de mí. Entré a mi casa con el corazón hecho trizas, me encerré en mi ha

