Me incliné hacia ella sin decir una palabra y abroché su cinturón de seguridad. Luego rodeé el auto y me senté en el asiento del conductor. —No voy a dejar que te vayas en un taxi en tu estado —dije con voz de mando, mientras ajustaba mi cinturón de seguridad. Ella me miró y no pudo evitar sonreír con mucho sarcasmo. —Deja de fingir conmigo, Zack. Sé bien que lo único que te interesa de mí es mi cuerpo. La miré sin saber qué decir en un principio, no tenía idea de lo que podía decir. —No voy a discutir contigo— Fue lo ma prudente que se me ocurrió responder. Encendí el motor y puse el auto en marcha. —No hablemos más— Le agregué. Manejaba con mucha precaución sin olvidar su estado, en mi mente pensaba miles de cosas pero no llegaba a nada. Fueron quince minutos de silencio absolut

