Entré a la oficina como si nada hubiese pasado. Apenas crucé la puerta, Zack levantó la vista de unos documentos y me fulminó con la mirada. —¿Qué haces aquí? —me preguntó con enfado. —Cumpliendo con mi trabajo —respondí, manteniendo la voz serena aunque por dentro quería estallar como un fuego que nunca debió encenderse. Él se recostó un poco en su silla y me miró fijamente, como si me despreciaba por completo. —Después de lo que hiciste, no tendré consideraciones contigo —dijo con frialdad, como si mi existencia misma le molestara. No pude evitar sonreír con ironía, él estaba tratando de ser duro conmigo, y sí que lo lograba. —No esperaba menos de ti —dije, calmada, intentando no mostrar la ansiedad. Zack se echó a reír, era una risa burlona, y se levantó de su asiento, se acercó

