Caminé hacia donde él se detuvo. —¿Cómo está tu hermana? —pregunté. —Solo tiene una pierna rota, por suerte —respondió con una sonrisa débil. —Estará bien en unos días. —Me alegra saberlo y esta noche… nos veremos, adiós. —Te esperaré —dijo, y continuó de regreso hacia su camino. Caminé hacha la habitación, entré al cuarto de Emma y lo vi mucho mejor que la noche anterior. —Emma… —dije con alegría. —Me alegra verte mejor. Le di un beso en la frente, con delicadeza, Gertrudis, mi madre, apareció en la puerta con semblante cansado. —Liam dijo que mañana podrás irte a casa —anunció. —Eso es una buena noticia —respondí con entusiasmo. Emma abrió los ojos un poco y dijo en voz débil. —Además, Liam dijo que la próxima semana empiezan mis tratamientos. —Así es —confirmé. —No debes preo

