Sigo furiosa, intentando calmar el torbellino que tengo en la cabeza. La conversación con la señora Fills fue extensa, detallada, una en la que traté de no perder los estribos al escuchar lo evidente: ahora soy la directora de la galería, la persona que toma las decisiones finales, la responsable de todo lo que suceda dentro de estos muros. Lo que significa que debo encontrar un reemplazo para el cargo que tenía y asumir el puesto que antes le pertenecía a Dalton. Resoplo con frustración, reclinándome en la silla de escritorio que una vez ocupó mi jefe. Mi mirada recorre la habitación desordenada, papeles apilados sin ningún tipo de organización, documentos dispersos por la mesa como si hubieran sido dejados en una prisa injustificada. ¿Por qué diablos Malachi hizo esto? ¿De verdad creyó

