Dos meses después… Trazo con la brocha sobre el lienzo, arrastrando los colores como si así pudiera liberarme de toda esta tensión que se ha instalado en mi pecho. Estoy inquieta, ansiosa…atrapada en esa especie de limbo entre querer marcar ese número y el pánico de escuchar su voz. Malachi la encontró. A mi madre. Vive en un pequeño pueblo, apartado, como si hubiese querido borrar su existencia del mapa. También consiguió su número. Me lo dio hace semanas, sin presionarme, dejándolo en mi celular, esperándome. Me estoy dando tiempo. Tiempo para saber si este paso abrirá una puerta…o una herida. Bajo la brocha, la giro entre los dedos y levanto la mirada. Malachi está concentrado, con el ceño fruncido sobre uno de sus libros sobre bebés y paternidad primeriza. Me parece tan enternecedor

