POV HELENA —Que me sueltes maldito cavernícola —chillo por todo el camino para que aquél salvaje que se hace llamar guarda espaldas me suelte. El gigante de casi dos metros de altura solo me mira burlón y en cuanto abre una de las puertas del inmenso pasillo me lanza dentro sin un ápice de delicadeza, cubro mi vientre por instinto antes de caer al suelo y aprieto mi mandíbula en cuanto recibo el impacto del gélido suelo, caigo de lado así que todo mi peso recae en mi brazo izquierdo; me quejo por el dolor y aquel desgraciado que me ha traído a la habitación solo cierra la maldita puerta no sin antes mostrarme una horrible sonrisa exponiendo toda su dentadura amarilla y casi podrida. Me levanto como puedo y me siento el la enorme cama, un leve pinchazo en lo bajo de mi vientre me hace q

