—Está bien, iré contigo. —le respondo con desanimo. —Eso que te dije no fue una pregunta. —lo dice en un tono serio con su ceja arqueada y alejando el teléfono de su oreja. Esperamos hasta que llegaron dos chicos en una moto, Rogelio les dio instrucciones de que lo dejarán en su departamento, un chico se fue en el carro y el otro detrás de él. —Bueno, ya es momento de irnos. —Me dice acompañándome a subir en el carro. Me abre la puerta. Me siento y el la cierra con mucho cuidado, da la vuelta y entra en el carro, me mira y me dice — me imagino que no has comido nada, ¿verdad? Yo lo veo de reojo y le digo —no, no me provoca comer nada, no tengo hambre. —recuesto mi cabeza y veo a través del vidrio de la ventana, la luz del sol y los colores que hacen al reflejarse en las nubes, mientras

