Bella. Tengo que renunciar a lo que siento por Alan, tengo que renunciar a él. Aunque pensé que lo había hecho hace tiempo cuando me fui, cuando él se fue, no, y siento odio. ¿Culparme a mí por todo lo que pasó? Que idiota, es un completo imbécil. Y no voy a tomar toda la responsabilidad de algo que fue decisión de los dos. Cómo lo que éramos en aquel entonces: una pareja. Miro la placa que está en la esquina de mi nuevo escritorio. Bella Müller. Gerente General. ¿Quién se iba a imaginar que una periodista certificada iba a terminar siento la gerente de una cadena de hoteles? Parece surrealista. Pasando ya las tres de la tarde mi secretaria Itzel llama a mi puerta. —Señorita Müller—se asoma. —le ha llegado esto—entra a la oficina con dos rosas rojas en su mano. Yo arrugo mis ceja

