Me acomodo mejor en el pecho de Alan, me siento bien y segura, me siento cómoda con él. Pero el sabor amargo que tengo en mi boca no se compara con nada. Aunque él tiene razón, la única muestra de amor que nos podemos dar ahora es dejarnos ir. Que él siga su camino y yo el mío sin importar cuanto nos afecte. —Tú eres mis crush —habla Alan de repente. Llevamos algunas horas en el sillón. Ya oscureció y mis guardaespaldas han cambiado de turno, eso quiere decir que pasan las ocho de la noche. —¿De qué hablas? —estamos en la misma posición, pero ahora yo tengo a Tay en mi regazo. —¿Recuerdas hace mucho tiempo cuando te dije que tú no conocías a mí crush? —yo asiento—Tú lo eres. —sonrío. Hace algunos minutos que no estoy llorando, que solo estoy ahí con Alan recostados en mi sillón. —

