"¡Esa es mi chica!" graznó Eric, complacido con sus esfuerzos. "Me gusta este tipo de follada", jadeó Alena felizmente, pero respirando con dificultad. "Joder, estás muy apretado", jadeó Eric. "¡Me encanta la sensación de tu polla!" La velocidad de sus embestidas aumentó y la fuerza de estas la empujó contra la cabecera, y cada embestida posterior le golpeó la frente contra la madera. Alena sufría en silencio, pero su mente corría mientras se decía a sí misma que era la peor clase de zorra... una zorra, una zorra sucia y asquerosa, como le había oído decir a su hermano de una chica del lugar a la que consideraba una puta. La verdad del asunto era que Alena estaba fuera de sí, había descubierto un instinto animal que nunca supo que tenía y, con el descubrimiento, desarrolló una actitud

