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2213 Palabras

2 y en otras ocasiones se va a la campiña romana con su escolta privada y un carro vacío y nadie sabe para qué y a la vuelta ese carro está lleno?—Iría simplemente a comprar provisiones para su despensa, ¿no? —repliqué, está vez en tono descortés. En ese momento, entendiendo que tal vez había hablado demasiado, había suspirado y se había vuelto a su casa. Turibio Fiorilli, príncipe de Biancacroce, era el Primer Secretario del Cardenal Tesorero Pontificio, Jefe de las Milicias Territoriales y Protoconsejero de Orden Público, Portavoz Secular del Papa Soberano y un hombre riquísimo. ¿Cómo osaba acusarlo Spighini? —Sí —concluí—, está loco sin duda —Y traté de olvidar lo que me había dicho. Sin embargo el hombre debía haberse dejado llevar con otros. De hecho, ni siquiera un mes después, h

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