EPÍLOGO YDALIR, AELFHEIM, 5047 AAC El Rey Aelfric se recostó en su trono con un aire estudiado de despreocupación. No sería bueno que un monarca de largo reinado reconocido por su sabiduría, aplomo y gracia social mostrara los anhelos enamorados de un joven elfo. Como era sabio, el rey comprendió que el efecto que Ethel Wyther tenía sobre él estaba más allá de la lógica habitual de las relaciones. Después de todo, él apenas conocía a la mujer, habiéndola visto muy poco. Sin lugar a dudas en su mente, se dio cuenta que el enredo predestinado había tomado un ímpetu no gobernado por los sentimientos de ninguno de los dos, sino determinado por fuerzas superiores. Parecía que el amor era una emoción fuera de su control. Situación prácticamente desconocida para él, quien dominaba todo lo que s

