Me atreví a volver a la habitación y me detuve en medio del umbral de la puerta, con una curiosidad que se volvía cada vez más intensa. La melodía del piano continuo con suma tranquilidad, como si jamás hubiese sido interrumpida. Cada nota me tenía enamorada. Ingresé y me animé a cerrar la puerta detrás de mí quedándome en plena oscuridad. ¿De dónde provenía?¿De la siguiente habitación? No podía ver, así que tanteé con mis manos la pared hasta encontrar una puerta. Ingresé sin perder más tiempo. Lamentablemente se trataba de otra habitación a oscuras pero completamente distinta. Un monstruoso ventanal dejaba ingresar la luz de la luna y reflejaba a un hombre o a un joven sentado en una pequeña butaca negra que tocaba el gigantesco piano como si le hiciera el amor con sus dedos. Me

