Sofía —¿Estuviste en mi salón privado? —la voz de mi suegro me hace respingar. Lo veo de soslayo, sintiendo que su cercanía es mayor a la de antes. —¿Lo estás afirmando o preguntando? —logro controlar mi pulso para no delatarme. —Porque no sé si preguntar quién te dijo esa mentira o por qué crees que lo estuve. Sus labios se ensanchan. Me recorre sin pudor, viéndose como el morboso hombre que no teme verse expuesto ante tantos. —Hay rastros de que alguien metió sus narices en donde no debe— dictamina. Solo son suposiciones las que tiene. —Nadie más que tú se atrevería a entrar a mi lugar más privado aún cuándo lo tengas prohibido. Tienes la habilidad de buscar motivos para ser castigada, Sofía. Su aliento alcoholizado me golpea la nariz provocándome más repudio. Está demasiado cer

