A la mañana siguiente, Bree se levantó con mi alarma que, extrañamente, había vuelto a sonar. Se dio un baño, dándome la esperanza de que volvería a la oficina conmigo, así que, estaba feliz. La dejé vestirse tranquila, pero, cuando bajó, lo hizo en pijama. La miré intrigado, pero no pregunté nada hasta después de desayunar, cuando no la vi subir a cambiarse de ropa. Sabía lo puntual que era Bree con su trabajo y se lo recordé, diciéndole que llegaríamos tarde si ella no se cambiaba. Me miró con cara de “¿qué estás diciendo?”, pero se quedó en silencio. —Bree —presioné para obtener una respuesta. —No voy a volver, ya te lo dije. Pensé que seguía enojada, pero ella me sacó de mi error diciendo que no estaba enojada, pero que no volvería. Y siendo sincero, no iba a aceptar una negativa d

