La dejé respirar, porque no la quería ahogar con mi sobreprotección, pero, aunque intenté no pensar en ello, mi cabeza cada cierto tiempo estaba ahí. Pasadas las tres de la tarde, recibí una llamada de Andrew. —Señor, estoy con la señora Knigth quien está bastante ebria y me ordena que la lleve a la empresa —de fondo escuchaba la voz de Bree pelearse con Andrew. —Si yo te digo que me lleves, me llevas, ¡porque también soy tu jefa! —me dio un poco de gracia como arrastraba su voz, haciéndome saber que en realidad estaba muy ebria. —Pásamela. —¡¿Dónde estás, Ramsés?! —preguntó un poco alto. —En la oficina —respondí con voz juguetona —. Al parecer alguien estuvo bebiendo mucho. —¿Por qué no me llamaste en todo el día? ¿Con quién estuviste? —Me dijiste que hablábamos en casa, por eso

