Era mañana de domingo, Lili despertó con el sol entrando por la ventana, se estiró, miró hacia un lado y vio que Diogo no estaba allí, pero pronto lo vio entrar sosteniendo en sus manos una hermosa bandeja de desayuno. —¿Me estabas buscando? —Sí. —Diogo se sentó al borde de la cama y colocó la bandeja sobre su regazo, luego le entregó una rosa, estaba muy viva y hermosa, su rojo era intenso y estaba llena de pétalos. —Gracias Diogo, eres un amor, ¿hay algo mejor que desayunar en la cama? —Un beso tuyo temprano por la mañana —acercó su rostro al de ella y se fundieron en un dulce beso. —¿Ya has desayunado? —No. —Come conmigo —asintió con la cabeza, luego tomó una fresa y la acercó a la boca de ella, después de que ella mordiera, hizo lo mismo, mordió la fresa, disfrutó del sabor de l

