Peyton cumplió su amenaza, esa noche y las que siguieron durmió lejos de Orestes. No se preocupó en dirigirle la palabra. Los dos días siguientes a la discusión que tuvo con Peyton, a Orestes se le convirtieron en una pesadilla. Por un lado el parloteó constante de Obelix reclamándole cuando estaba en casa y las veces que lo llamó a su empresa, que sobrepasaban las cinco o seis veces, insistentes en querer exigir respuestas de lo que se rumoraba de él y Hannah en los medios, lo llevaba a punto de enloquecer; mientras que por el otro lado, el silencio absoluto en el que decidió sumergirse Peyton fue más contundente para él, su madre representaba un fastidio, pero Peyton, el silencio de Peyton sí le estaba resultando perturbador —Señor, lo acababan de llamar del Banco Nacional para informa

