Ese mismo día, como quiera que Cicero llegó a su lugar de destino cayendo la noche, decidió visitar la dirección que tenía entre sus manos temprano al día siguiente, mientras que Orestes siguió trabajando hasta después de las diez de la noche. Necesitado de algo con que despejar la mente, se atrevió a ir a un bar, de esos donde concurren pocos clientes y que son bastante exclusivos, pidió una mesa reservada, de esas que estaban distantes de la puerta, al final del salón, en un área un tanto oscura, pero que permite ver todo alrededor. Estaba por ordenar su tercer trago cuando fue sorprendido por la presencia de Sara. —Orestes, tiempo sin verte —escuchó y rápidamente identificó su voz con clara precisión. Giró el rostro para verla pues Sara venía en dirección contraria al lugar por donde

