Justo cuando alcancé a Dakota y a su novio, ella le preguntaba a donde se supone que él «refiriéndose a Milo» debía ir. Diego como todo un bocazas le dice a mi amiga que a terapia pero que se resiste a ir. Luego ella pregunta de nuevo el por qué y él cambia de conversación. ¡Bien hecho! Siento una intensa impotencia al saber que el hombre que una vez salvé con la esperanza de que recapacitara y buscara esas ganas por vivir, solo se ha dejado llevar por la corriente de sus emociones y no ha querido salir del hoyo en el que está. Justo cuando nos instalamos me doy cuenta de que él yace parado a la orilla del mar mirando a la nada y a la vez pensando en todo. Conozco esas miradas, me son familiares. Sé que actué por impulso y lo llevé a molestarse con mi imprudencia. Pero, por lo que he vi

